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NOTICIAS
Bruselas detiene la OGM
Descubren
pistas “biotécnicas” en el arroz de EE.UU. La UE se
defiende.
Todo
producto importado tendrá que tener certificación “free”
Bruselas impuso que todas las partidas
de arroz importado de los EEUU tengan un certificado que
asegure la ausencia de granos genéticamente manipulados.
Es el caso de este verano. Luego de una manifestación
del gobierno estadounidense, Bruselas pidió que
Washington efectuara aclaraciones sobre el
descubrimiento en EEUU de una proteína genéticamente
modificada -para la que no habría sido pedida la
autorización respectiva- en algunas muestras de arroz de
granos largos comerciales. Es un problema explosivo
porque sólo el año pasado Europa importó de EE.UU. 224
mil toneladas de arroz, de las cuales, 198 mil fueron de
grano largo (tipo indica) y 21,5 mil de granos cortos
(tipo japonés, producido también en Italia).
Irritada por la demora, la Comisión
Europea ha pedido a los representantes de Sanidad de
los 25 estados miembros de la UE armar una estrategia
defensiva: el arroz norteamericano de grano largo no
podrá entrar en Europa sin la certificación OGM “free”
por un período de al menos seis meses, luego de los
cuales la situación será examinada nuevamente. Japón
decidió lo mismo.
La cuestión explotó cuando la sociedad
Bayer notificó al Departamento norteamericano de
Agricultura y a la Food and Drug Administration haber
encontrado trazos de arroz genéticamente modificado en
algunas muestras tomadas del arroz de granos largos. La
proteína bajo sospecha es LLRICE 601, de la que la Bayer
no habría previsto su comercialización y por lo mismo,
no habría pedido la autorización para la producción de
arroz.
Querido
arroz, ¿cuánto me cuestas?
(servicio exclusivo de Giuseppe Sarasso)
Exclusivo: analizamos los costos de la
producción del arroz. Siempre surge la pregunta de:
“querido arroz, ¿cuánto me cuestas?” Son tres las
consultoras que han enfrentado en la convención de
Vercelli este peliagudo problema desde el punto de vista
de los cultivadores de arroz.
El costo del arroz de origen indio -de
la región oriental de Uttar-Pradesh- fue analizado por
la Participatory Rural Development Foundation de
Gorakhpur y fue ilustrado por Ram Chauday. el costo de
producción del arroz español de la zona de Valencia fue
analizado por el Instituto Valenciano de Investigaciones
Agrarias, presentado por Ramón Carreres. El costo de
producción del arroz italiano fue analizado por la
Associazione Laureati in Scienze Agrarie e Forestali de
las provincias de Biella y Vercelli y fue ilustrado por
Antonio Finassi.
Vale aclarar que bajo un aspecto
puramente técnico, evaluar los costos medios de
producción del arroz implica notables dificultades.
Ellas se amplían grandemente por las diferencias
económicas y sociales que surgen de la comparación de
mundos tan diferentes.
En toda Europa y en Italia
–especialmente- el cultivo del arroz ha tenido el fin de
comercializarlo desde sus comienzos, en un principio
para uso medicinal y luego para el consumo en la dieta.
La alimentación india, por su parte, se basó siempre en
el arroz. Por eso su cultivo ha tenido y tiene como fin
primordial el sustento y sólo el excedente del
autoconsumo es lo que se comercializa. Esto implica una
relación completamente diferente desde el punto de vista
económico, especialmente en lo que respecta a la
remuneración del productor.
Los valores medios de los factores que
contribuyen a formar los costos de producción se
refieren a 2005 y a los precios comunes en ese año. Hay
que tomar en cuenta, naturalmente, las variaciones en el
costo de la energía en el mercado mundial y en el
europeo; de todos modos, es sabido que evaluar los
costos corresponde a tomar una fotografía instantánea:
representa el estado de situación de un determinado
momento. Hechas estas consideraciones preliminares, se
pueden extraer algunos datos de carácter general.
Las tres consultoras clasifican a las
arroceras según sus dimensiones: pequeñas, medianas y
grandes. En Italia la superficie media es de 46,7 há.
y el estudio italiano clasifica como pequeñas arroceras
las de 50 ha. mientras que en la zona de Valencia la
superficie media es de 4,2 ha. y los autores consideran
grandes a las arroceras mayores de 50 ha. En India
faltan datos precisos pero se presume que la mayoría de
las arroceras no supera las 2 ha., de modo que, si
son pocas las medianas, mucho menos las grandes. De
todos modos, hay que recordar que las dimensiones de
India poco tienen que ver con las dimensiones europeas:
se trata de 45 millones de há. frente a las 220 mil
há. de Italia, y de más de 20 millones de productores
estimados frente a los 5 mil italianos.
En las condiciones europeas, los
expertos españoles e italianos concuerdan en atribuir
costos más favorables a las arroceras de mayores
dimensiones, principalmente gracias al hecho de que, en
estas últimas, la utilización de grandes maquinarias,
que reducen los tiempos de operaciones, contribuye a
disminuir el número de horas trabajadas por hectárea;
además, el costo de la maquinaria y de su reparación se
reparte en superficies más grandes. Los costos de
producción por hectárea en España (Valencia) e Italia
son muy parecidos, en dimensiones de alrededor de 2.500
euros por há, y las diferencias entre las pequeñas y
grandes arroceras son comparables entre sí.
En ambas fue subrayado que la
“integración a la renta”, entregada a los productores
por parte de la Unión Europea es una carga indispensable
para cubrir los costos de producción y para alcanzar un
equilibrio financiero, que para las pequeñas empresas
sería más correcto definir como precario. Parecería que
la situación hubiese cambiado en el curso del año 2006,
pero hay que tener en cuenta que gran parte de la
producción de 2005 fue comercializada o comprometida a
los mismos precios que al comienzo del año, que no se
alejaban demasiado de los que habían sido tomados en
cuenta en este examen.
La contribución de la UE, además, es
inferior con respecto al año pasado, en previsión de
ulteriores reducciones.
Muy diferente es la situación descripta
por los colegas de India, en la que se puede todavía ver
un hilo conductor que la une a la europea. Recordemos
que el estudio se refiere a una zona del Uttar-Pradesh,
una de las más productivas y avanzadas de India, donde
la mitad de las arroceras tienen irrigación artificial
mientras que las restantes dependen del ciclo de los
monzones. La mecanización se está desarrollando en el
sector del trabajo de la tierra, que es desarrollada por
tractores en el 73% del total, sustituyendo la antigua
práctica del “puddling” (el arado con bueyes en el
agua).
El dato relativo a la cosecha indica
operaciones exclusivamente manuales para el 84% de la
superficie. Sólo un modesto 8% de las arroceras (1,6
millones) utilizan cosechadoras. El arroz cosechado
manualmente es cernido a mano en un 90%. Menos del 40%
de las arroceras utiliza herbicidas e insecticidas. El
costo de producción es de 270 – 300 € por há., con un
margen operativo de 170 € por há.. Naturalmente son
valores medios, ya que algunas haciendas trabajan con
pérdidas.
De los datos expuestos se deduce un
provecho de 470 €/ há. que, dividido por el rendimiento
promedio de la zona (3,36t/há.) resulta en un precio de
venta de 125 €/t.
La producción unitaria media de la zona,
baja para nuestras costumbres, es de todos modos alta
para el promedio de India (3 t/há.) y del estado de
Maharashtra (2 t /há.).
Las razones de esto dependen
especialmente del bajo contenido de materia orgánica de
las chacras. La parte aérea del arroz es cosechada
completamente: los granos para el uso humano y la paja
para la alimentación animal, cortando el tallo a la
mínima altura posible. El estiércol animal es secado al
sol y utilizado como combustible, por lo que la
recuperación del suelo depende exclusivamente de la
materia orgánica contenida en el aparato radicular del
arroz; pero el clima caliente de todo el año permite un
aporte mineral y las intensas lluvias monzónicas lavan
gran parte del ozono disponible.
Como estas prácticas se repiten desde
hace miles de años, es inevitable que se encuentren
dificultades para incrementar la producción. Intentando
superar esta pesada limitación, los institutos indios de
investigación recomiendan la utilización, como
fertilizante, de compost vegetales, de cenizas de la
cáscara y la utilización de pequeños bastoncitos de un
fertilizante compuesto de urea y fosfato diamónico, que
se introducen en el terreno luego del transplante, a 8 o
10 cm. de profundidad.
Durante la presentación, el disertante
eludió una pregunta relativa a la remuneración jornalera
de los trabajadores en campaña, valor que de todos modos
había surgido en el congreso organizado en Maharashtra
el pasado diciembre. Utilizando la misma unidad de
medida (un kilo de arroz cáscara, para realizar una
comparación) en la zona de Bombay, una jornada de
trabajo es retribuida con el equivalente de diez kilos
de arroz cáscara, mientras que el costo del más
afortunado trabajador europeo es de 520 kilos de arroz
cáscara, de los cuales 340 operan bajo forma de
retribución directa y el resto, de beneficios sociales.
En estas condiciones es comprensible que
la mecanización en India avance muy lentamente, vistos
el bajo costo del trabajo y la pequeña dimensión de las
haciendas. En consecuencia y a diferencia de la
situación europea, los costos no varían grandemente de
acuerdo al tamaño de las haciendas.
India
persigue el rendimiento pero las cuentas no le dan
El país
asiático está viviendo un conflicto dramático entre la
vieja y la nueva agricultura. Los suicidios son siempre
más frecuentes entre los que no pueden pagar
fertilizantes y semillas. La investigación tiene pesadas
responsabilidades sociales.
El estudio presentado por el Prof.
Chaudary, relacionado con los costos de producción del
arroz en India, toma en cuenta el rendimiento neto
producido por el cultivo de los arroces híbridos en
relación a los cultivos tradicionales y a los de
reciente selección, y deduce una paridad entre los
diferentes tipos.
Esto indica que el valor de la mayor
cantidad de arroz cáscara obtenido de las variedades más
productivas, apenas compensa las mayores inversiones en
semillas (muy costosas para el híbrido) y en
fertilizantes.
Las plantas mejoradas con el fin de
lograr su mayor potencialidad necesitan altas
fertilizaciones, iguales o superiores a las que se usan
en Europa. La defensa de las enfermedades y plagas es
más onerosa aún, cuando los cultivos de tallo bajo (semi-dwarf)
son poco competitivos en la lucha por la luz y el
espacio durante la fase vegetativa.
Además, el riesgo para la empresa
aumenta mucho en el caso de eventos climáticos adversos
o de ataques parasitarios que causen un desastre
productivo. Las mayores inversiones se traducen en
mayores pérdidas. Esto es bien conocido para los
productores europeos, obligados a buscar otros
rendimientos productivos por la necesidad de cubrir los
costos fijos, debidos a las caras inversiones en
infraestructura y en la maquinaria necesaria para una
agricultura que evolucionó hacia un bajo empleo de
trabajo manual.
Pero la coordinación entre las técnicas
agronómicas y la producción mayor requiere conocimientos
profundos y una constante atención, porque a cada error
cometido se responderá con una fuerte pérdida económica.
Justamente, a causa de estas razones,
India está viviendo el dilema del choque entre dos tipos
de agriculturas: la tradicional, de baja inversión y
bajo rendimiento y una naciente, “tecnológica”, con
costos y rendimientos mucho más elevados, pero que
podría resulta económicamente conveniente sólo si el
precio del arroz cáscara creciera con respecto al
actual.
La exigencia de pasarse a una
agricultura más productiva, para alimentar una población
en aumento (se estima que en 2025 llegarán a los 2000
millones de habitantes), choca contra la capacidad de
compra de la gran masa de indigentes de la población
indiana, que no puede soportar incrementos en el precio
del arroz cáscara.
En los periódicos locales han aparecido
noticias de frecuentes suicidios entre los campesinos,
motivados por la imposibilidad de pagar los préstamos
contraídos para comprar fertilizantes y semillas. Estos
problemas quedan ligados a la tentativa de introducir
una agricultura moderna, que choca duramente con la
realidad de precios insuficientes para pagar los gastos
mayores que requieren las nuevas variedades.
En estos tiempos, la cantidad de
energía (bajo la forma de mecanización, fertilizantes,
herbicidas y funguicidas) que resulta necesaria para
expandir la tecnología para lograr una alta
productividad hasta alcanzar los 45 millones de
hectáreas de las arroceras indias, representa otro
problema, aunque si puede ser considerado poca cosa con
respecto a la energía necesaria para el actual (rápido)
desarrollo industrial de India.
Con el fin de hacer más gradual la
transición, las mejoras genéticas deberían (al menos en
un primer período) apuntar mayormente hacia un arroz más
rústico que requiera una menor cantidad de dedicación y
atención, aun a costo de sacrificar las potencialidades
productivas; mientras se tiene la impresión que los
investigadores indios apuntan, como sus colegas de todo
el mundo, sobretodo a alcanzar las máximas producciones
por hectárea.
Dos
modalidades para quemar
Las
alternativas son combustión directa y gasificación.
Estas
plantas requieren grandes inversiones.
La combustión es el sistema más simple y
eficaz para obtener energía de las biomasas. Existen dos
modos posibles: la combustión directa y la gasificación
mediante la combustión; en el primer caso si obtienen
gases calientes que pueden ser utilizados para el
secado, directamente o a través de un intercambiador.
Para la producción de energía eléctrica
es necesario recurrir a un vehículo secundario (agua o
aceite diatérmico) para producir vapor.
Existen diversas plantas que utilizan el
vapor de alta presión para la producción de energía
eléctrica, por medio de una turbina, y destilan el vapor
de baja presión para el parboiling del arroz.
El rendimiento de la producción de
energía eléctrica es condicionado por la suma de
diferentes componentes del proceso: calderas, turbinas,
alternadores. Por ese motivo el rendimiento final es
bastante bajo.
La gasificación por medio de la
combustión permite producir gas para ser utilizado en
motores a explosión de manera de producir energía
mecánica.
Durante la segunda guerra mundial, se
realizó más de un millón de implantaciones para accionar
los vehículos con motor a explosión. La producción de
energía eléctrica se logra, por otra parte con plantas
fijas de gran potencia aun mayor de 1500 Kw. /h. (1,5 MW),
y usualmente están ligadas a arroceras, madereras, etc.
La sociedad alemana GTZ, en
colaboración con China realizó diferentes grupos en Mali.
En el generador de gas del proyecto alemán, el gas se
acumula en un gasómetro y luego es enviado a un motor de
88,3 l de cilindrada operante a 600 g/m. El equipo gasta
200 a 350 Kg/h de cáscara de arroz u otro
combustible de origen vegetal y se obtienen 160 Kw.
/h.
En conclusión, son plantas que requieren
grandes inversiones financieras y en todo caso, se
necesitan 2,5 Kg. de biomasa seca para producir 1 Kw. /h
de energía eléctrica. |