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REFLEXIONES

Estamos ante un panorama auspicioso para la producción arrocera, en base al aumento en los precios del producto. Y esta visión abarca el corto, el mediano y el largo plazo, con la sola diferenciación de los ritmos que tendrá cada tiempo.

            Esta afirmación la hacemos basados en la conjunción de una serie de factores, que por primera vez confluyen, por lo menos la mayoría de ellos, en la dirección esperada.

            En los principales exportadores de arroz notamos cambios en su estrategia que incidirán en  la economía del cultivo y lógicamente en la cotización del producto:

TAILANDIA está disminuyendo gradualmente sus subsidios, lo que significa que tanto su precio interno como los de exportación aumenten también gradualmente para permitir que su producción sea sustentable económicamente. En sustitución de estos apoyos, su nueva estrategia es la alianza comercial con Vietnam para actuar de común acuerdo en el mercado internacional.

EEUU: El año próximo vence la actual ley agrícola. Todo indica que la nueva ley que se promulgue tendrá algunos cambios en la política de subsidios, en primer lugar cambios en la forma en que los mismos se otorgarán, a los efectos de no ofrecer un “blanco” tan fácil en el ámbito de las reclamaciones de la OMC y en segundo lugar en el monto de los mismos y sobre este punto confluyen dos posiciones, la protesta de los países subdesarrollados, a través de los organismos multilaterales, con la de los contribuyentes estadounidenses.

JAPON: El año próximo también, entrará en vigencia un nuevo sistema de subsidios a la producción agropecuaria. Actualmente los subsidios los paga el consumidor y en la nueva legislación se trasladarían los mismos al contribuyente.

UNION EUROPEA: La Política Agrícola Común (PAC) continúa evolucionando lentamente, a influjo de la presión internacional y a los cambios ocurridos internamente en su economía y en la distribución de su población. En efecto, al principio el objetivo de la PAC fue garantizar la autosuficiencia en los productos básicos, en respuesta a la escasez de alimentos después de la guerra. Fue también el marco inicial para intensificar la cooperación y la integración entre los Estados miembros de la Comunidad Europea. Fue mucho después que comenzaron a surgir efectos secundarios como enormes excedentes de carne vacuna y cereales y luego aparecieron alarmas con relación a la salud, como la encefalopatía espongiforme bovina (vaca loca). Esto provocó una creciente preocupación acerca de las funciones de las PAC, con el consiguiente descontento de los consumidores y los contribuyentes y esto aceleró los cambios en la instrumentación de esta política. El nivel de ayuda basado en altísimas tarifas arancelarias y en los subsidios directos a la producción y a la exportación, luego de alcanzar los niveles máximos ha comenzado a descender. Estas ayudas absorben casi la mitad del presupuesto de la Unión Europea, aunque esta prevista la reducción de esta proporción a un tercio en un plazo de 10 años.[1] Las reducciones operadas el año pasado, apuntaron a causar menor distorsión del comercio a través de pagos únicos a la explotación que se irán reduciendo progresivamente para las grandes explotaciones hasta el 2012.

En términos generales estos países, para dar cumplimiento a lo resuelto a nivel de la OMC, están tratando de sustituir las subvenciones consideradas con mayores efectos distorsivos del comercio internacional, como es el caso de las medidas del “Compartimento Ambar”  (sostenimiento de los precios del mercado, medido por la diferencia entre un precio de referencia mundial y el precio del mercado interno, gasto presupuestario en políticas de ayuda interna, etc.) por las llamadas medidas del “Compartimento Verde” que son las ayudas internas que no tienen efectos de distorsión del comercio ni efectos en la producción, o a lo sumo lo tienen en grado mínimo. Estas medidas comprenden los gastos en Programas Gubernamentales de Servicios Generales, la constitución de existencias públicas con fines de seguridad alimentaria, la ayuda a los ingresos desconectada, los pagos por concepto de socorro en caso de desastres naturales, etc. etc.

ALIMENTO vs ENERGIA: El precio de los granos estará directamente influenciado por su destino. El precio del maíz, cuya utilización para la producción de etanol es cada vez mayor, estará cada vez más relacionado al valor de su equivalente en petróleo. Si el precio del crudo sube, todos los granos que tienen de aquí en más este uso alternativo sufrirán el mismo efecto.

El arroz se mantiene aún al margen de esta mayor demanda, pero indudablemente su valor estará acompañando, de alguna forma y en alguna proporción, la movida general.

Muchos commodities entre los que se incluyen caña de azúcar, soja, maíz, trigo y arroz pueden convertirse en combustible en el corto, mediano y largo plazo por lo que traerá aparejado un encarecimiento de los alimentos en general y una competencia entre los supermercados y las estaciones de servicios por estos recursos.

Para la población mundial con menores recursos que destinan la mayor parte de sus ingresos en alimentación, este fenómeno representa una seria amenaza para su subsistencia y significará un cambio importante en su estructura de compra. En efecto, la producción de carne de pollo y cerdo, por ejemplo, verá disminuido su consumo como consecuencia de la suba en los precios de la ración.

[1] Ver Informe sobre el Comercio Mundial – 2006 de la Organización Mundial de Comercio (OMC).

 

 

  

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