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El arroz y el
medioambiente
En el año 2005,
el Sector Arrocero (ACA y GMA) suscribió un Convenio
Marco con la Universidad de la República (UDELAR) con el
fin de desarrollar aspectos de investigación que fueran
de importancia para la producción arrocera, tanto a
nivel del cultivo, como en la fase industrial. A ese
convenio inicial se sumaron posteriormente INIA y LATU,
conformándose una Mesa Tecnológica de la Cadena
Arrocera, con la cual se podrá coordinar y potenciar las
capacidades de todas las instituciones nacionales
dedicadas a las actividades de investigación y
desarrollo.
En ese marco, ACA y GMA definieron como prioridad para
el trabajo de dicha Mesa, desarrollar estudios que
tuvieran como objetivo analizar aspectos que estuvieran
relacionados con la temática de la relación del cultivo
del arroz y su industrialización, con el medioambiente.
Con posterioridad se instrumentaron dos Grupos de
Trabajo que tomaron las dos áreas en que se desarrolla
la producción de arroz. A nivel del cultivo se determinó
como tema principal el análisis de la situación actual
del uso de productos agroquímicos y en el ámbito
industrial, el destino a darle al principal deshecho de
dicha actividad, que es la cáscara de arroz.
Respecto al primer tema, el antecedente nacional de
mayor relevancia es un estudio sobre residualidad de
agroquímicos que en 1993 y 1994 se ejecutó por parte de
LATU, financiado a través de un FPTA de INIA (Revista
Arroz Nº 7, octubre de 1996). En esa ocasión, a
propuesta de LATU, INIA apoyó en la parte agronómica,
seleccionando los productos a analizar, las chacras
donde realizar las extracciones y los momentos más
adecuados para recoger las muestras, de acuerdo al
manejo del cultivo practicado en el país. Se trabajó dos
años al nivel de campo, analizándose muestras de suelos,
granos y corrientes de agua hacia donde fluían (o
drenaban) los excesos hídricos de chacras de arroz, en
zonas de producción localizadas en los departamentos de
Rocha, Treinta y Tres, Cerro Largo y Tacuarembó. Los
trabajos se realizaron sobre los productos más
utilizados en esa época y básicamente sobre herbicidas y
fungicidas. También se decidió incluir el estudio de
insecticidas organoclorados – que no se utilizaban en el
arroz – en virtud que en la prensa de esa época se
afirmaba que se había detectado su presencia en aguas
que provenían del cultivo.
En los casos más controlados se extrajeron muestras de
suelo y agua en 3 oportunidades: la primera en el mes de
diciembre, luego de la aplicación de los herbicidas, la
segunda al momento de la cosecha (también en granos) y
la tercera 50 a 60 días después. Se realizaron en total
416 determinaciones analíticas en 131 muestras (57 de
suelos, 35 de aguas y 39 de granos) colectadas en las
zafras 1993/94 y 1994/95.
Con relación a presencia de herbicidas y fungicidas en
las muestras extraídas se pudo constatar que la
existencia en agua y granos fue mínima, aunque se
detectó al comienzo la presencia de algunos positivos de
Molinate y Edinfos, que en muestreos sucesivos
posteriores a su aplicación, se evidenció su descenso a
niveles muy bajos o indetectables.
En suelos se encontró un número un poco mayor de
positivos de Molinate y Quinclorac, en las primeras
etapas de aplicación, comprobándose su descenso o
desaparición en muestreos posteriores.
Corresponde remarcar que los niveles que se detectaron
en esas pocas muestras con resultados positivos, tenían
valores muy por debajo de las tolerancias máximas
admitidas por los países importadores de arroz más
exigentes.
En los casos de organoclorados – como era de esperar –
no se encontró en ningún caso.
Los resultados obtenidos fueron de gran importancia para
el sector arrocero. Por un lado en el escenario nacional
se constató que se producía el cultivo de una manera
satisfactoria con referencia a la contaminación con
residuos de los principales agroquímicos utilizados,
tanto en suelos y aguas, como en granos. Por otra parte,
desde el punto de vista de los mercados de exportación,
los resultados obtenidos deberían representar una llave
de ingreso a los países importadores más exigentes.
Más de una década después, el área de siembra ha
aumentado mucho en el país; se han incorporado cambios
en el manejo del cultivo, así como nuevos principios
activos de agroquímicos, por lo que cobra fundamental
importancia estudiar su impacto en la situación actual.
Partiendo de la base que el sistema de producción que
predomina en Uruguay, en el que el monocultivo no
existe, es marcadamente diferente al dominante en otras
regiones productoras del mundo, como el caso de
California, donde las rotaciones no son económicamente
viables, sin embargo no se ha escapado a la tendencia
creciente en el uso de fertilizantes y defensivos
agrícolas, principalmente herbicidas. De cualquier
forma, se entiende que este particular sistema de
producción, con rotaciones de cultivo con praderas o
descansos que permiten la regeneración del tapiz
natural, genera un impacto positivo sobre la calidad del
recurso suelo y favorece al posterior cultivo del arroz
en términos físicos, químicos y económicos y por otro
lado, permite controlar el volumen de agroquímicos por
hectárea y por año aplicados al sistema en términos
promedio. En este sentido se destaca que en la zafra
2004/05 (DIEA), 56 % del área sembrada es arroz “de
salida” (103.611 has en 184.023 has totales) - o sea que
corresponde a un último año de cultivo – y que las dos
terceras partes de la misma (68.919 has en 103.611) pasa
a sembrarse con pasturas artificiales.
Por lo tanto, disponer de información objetiva y
cuantitativa sobre la existencia o no de residualidad de
los agroquímicos utilizados, permitiría asegurar la
calidad de nuestro arroz, tanto en el producto final
obtenido, como en el ambiente en el que se desarrolla.
El resultado de estas determinaciones va a refrendar las
prácticas de manejo, en el sentido que son realizadas
con su correspondiente certificado de calidad y/o
orientar el manejo del mismo hacia la mitigación de
algún daño ambiental, si este existiera.
Se pueden resumir los objetivos del proyecto en: conocer
el estado actual de la producción de arroz en el país en
cuanto a su relación con el ambiente, a través del
estudio de la existencia de residuos de agroquímicos en
suelo, agua y grano. Determinar la existencia de dichos
residuos en el Río Cebollatí, que involucra un área
aproximada de 10.000 hectáreas de arroz en su cuenca.
Desarrollar indicadores que caractericen los sistemas de
producción en cuanto a utilización de agroquímicos.
Elaborar un protocolo para el estudio de residuos en
suelo, agua y grano y generar antecedentes para la
elaboración de un manual de buenas prácticas agrícolas
para el cultivo del arroz.
Se debe destacar que para el desarrollo de este
Proyecto, se cuenta con el financiamiento a través de un
FPTA de INIA y que la aplicación del mismo comenzó en
abril de 2006, previéndose su finalización para la
primavera del 2007.
Con respecto al segundo tema, el de resolver el destino
final de la cáscara de arroz, el Grupo de Trabajo se
viene reuniendo, aprobándose una metodología de trabajo
que apunta a identificar los factores que por su
relevancia nacional, regional o mundial, así como su
efecto sobre el sector arrocero u otros sectores con
problemáticas similares, resulta esencial promoverlos
para hacer viable la deposición final de la cáscara de
arroz. Se identificarán aspectos del marco normativo que
necesariamente deben mantenerse con reglas estables para
dar continuidad a las soluciones de deposición
identificadas como promisorias en los proyectos que
surjan. Asimismo, se busca identificar, evaluar y
eventualmente adquirir y operar tecnologías adecuadas
para valorizar la cáscara de arroz, a los efectos de
asegurar la deposición final de la mayor cantidad
posible de dicho deshecho, generando valor económico y
ambiental.
En la actualidad sólo a una parte de la cáscara se le da
una deposición final provechosa. Entre esas actividades
pueden citarse la combustión en las instalaciones de
Arrozur - con el fin de generar vapor para el proceso de
parboilizado - la realización de camas para cría de
pollos y caballos y la combustión en las empresas que
producen cemento Pórtland. El resto de la cáscara
obtenida es dispuesta como residuo sólido, en vertederos
donde se quema a cielo abierto o bien depositada en
campos destinados a este fin.
Es claro, luego del Decreto Nº 908/006 – Contratos de
Compraventa de Energía Eléctrica a partir de fuentes
renovables de Energía – que se han establecido las bases
para la promoción de la generación de energía eléctrica
a partir de cáscara de arroz (entre otras biomasas). Es
decir, el gobierno a través del Ministerio de Industria
y Energía ha brindado a la agroindustria arrocera una
herramienta adecuada para el desarrollo de esta solución
para la deposición del residuo.
Ahora bien, las soluciones a definir deberán resolver el
problema planteado a diferentes escalas, surgidas del
relevamiento de los lugares de producción de cáscara y
de la logística y costo de transporte, no debiendo
requerir ninguna de las mismas, la concentración en un
único lugar de la cáscara de todo el país y ni siquiera
de una región excesivamente amplia.
Si bien la combustión optimizada aparece como la
operación que permitiría el procesamiento de la mayor
cantidad de la cáscara disponible, se tiene - debido a
los tamaños de algunas industrias individuales y a las
escalas que presentan algunas instalaciones de las
empresas de menor porte - la necesidad de identificar
otro tipo de actividades cuyas operaciones sean más
adecuadas a tales escalas. Si bien estas operaciones
permitirían procesar cantidades menores de cáscara,
aportarían a la erradicación del problema que hoy
plantea la deposición del residuo.
Es relevante destacar que esta Mesa Tecnológica de la
Cadena Arrocera surgió de un encuentro entre el
Presidente de ACA, Sr. Hugo Manini y el Rector de UDELAR,
Dr. Rafael Guarga, por la que el Sector Arrocero en su
conjunto tiene la posibilidad de acceder a desarrollar
la investigación nacional en forma coordinada entre
todos los institutos públicos, tanto en el ámbito de la
producción como a nivel industrial, |