Hace ya 20 años, exactamente en 1986, comenzaba en Punta del Este, Uruguay, la Ronda Uruguay del Gatt. En esta oportunidad, los países desarrollados transaron por primera vez incluir el tema agrícola en las negociaciones multilaterales de dicho organismo, con el único fin de que esta postura les permitiera incluir, como contrapartida de negociación, los rubros que a ellos les interesaba vendernos libremente y sin dilación : servicios y propiedad intelectual.
En realidad todas estas negociaciones venían desde muy lejos, de muchísimos años atrás. Y todos esos años aguardamos con mucha expectativa los acontecimientos que estaban sucediendo, con la esperanza de que al instalarse el tema agrícola en la Ronda Uruguay y de aprobarse en la misma reducciones importantes a los subsidios, el comercio internacional comenzaría a ser más justo y la eficiencia y competitividad comenzarían a ocupar su lugar natural en el mercado.
Duró ocho años la negociación de esta Ronda y durante todo este período esperamos pacientemente la aprobación de la resolución final que creíamos resultaría vital para el destino de nuestros productores.
En 1994 culmina en Marrakech la Ronda Uruguay y fue motivo de alegría porque allí se acordaron importantísimas reducciones a las protecciones, a las subvenciones y a las barreras tarifarias: Los países desarrollados (léase EEUU, Unión Europea y Japón fundamentalmente) se comprometieron a reducir un 20% los subsidios internos, un 36% las subvenciones a las exportaciones, un 21% el volumen subsidiado, el 36% a los aranceles a la importación y también se comprometieron a levantar otras restricciones como las del acceso a los mercados, representadas por las barreras no arancelarias.
En este momento histórico se nos pidió nuevamente paciencia, porque llevaría tiempo la instrumentación de las medidas a implementar para cumplir con los objetivos de dicha resolución.
En esta etapa ya empezamos a esperar sentados los resultados, mientras cumplíamos con nuestro deber de abrir nuestros mercados a los servicios, propiedad intelectual y movimiento de capitales. La consigna era: “debemos honrar nuestros compromisos para que nos correspondan”.
Se produjo en 1995 la creación de la OMC, con la adhesión de 148 países y surge nuevamente la esperanza, porque se esperaba que este organismo traería mayor justicia y equidad a las relaciones comerciales internacionales.
No tuvimos que aguardar mucho tiempo para comenzar a darnos cuenta que nada de lo acordado en la Ronda Uruguay se estaba cumpliendo por parte de los países desarrollados, todo lo contrario. Los subsidios en vez de bajar, subieron y las trabas y tarifas para la importación de productos agropecuarios procedente de los países subdesarrollados se incrementaron.
Se nos dijo entonces que había que aguardar la promulgación de la nueva ley de granja de EEUU (la famosa Farm Bill) que recogería mucho de lo resuelto en Marrakech.
Pasamos algún tiempo aguardando y cada nueva ley de granja promulgada fue más proteccionista y más perjudicial para el libre comercio internacional.
Luego intentaron calmar nuestra preocupación invitándonos a esperar lo que serían importantísimos avances para liberalizar el comercio de productos agropecuarios, que surgirían como resultado de la Ronda de Doha (aún inconclusa y sin ningún avance hasta la fecha).
Mientras tanto la protección aumenta en el mundo desarrollado y sus productos agropecuarios desplazan año tras año del comercio internacional a los productos procedentes de los países subdesarrollados como el nuestro. Según FAO el 70% de las importaciones de los países ricos proceden de otros países ricos y no de mercados emergentes como Brasil, Argentina o Uruguay, por ejemplo. Según este estudio dentro de pocos años los países subdesarrollados se tornarán en importadores netos de productos alimenticios, debido a la destrucción de sus estructuras productivas domésticas por la importación protegida procedente de los países ricos.
Durante estos veinte años de larga espera, el sector arrocero uruguayo percibió un ingreso mucho menor en la comercialización internacional de su producto, como consecuencia de la distorsión causada por los subsidios. Y dentro de estos veinte años hubieron varios años de crisis aguda que hirieron profundamente la economía y las finanzas de nuestros productores, situación agravada por un componente interno de consideración: el retraso cambiario. De todas formas el sector siguió apostando al futuro, siguió invirtiendo, siguió generando trabajo y divisas, siguió investigando y siguió creando reservas de agua. No abundaremos en los daños causados al sector, pero todos sabemos que esto significó endeudamiento y pérdida de muchos productores que no han podido continuar en actividad.
Hace un par de meses nos visitó una delegación de productores e industriales arroceros de EEUU, preocupados por la decisión de Uruguay de utilizar el camino establecido en la reglamentación de la OMC desde su fundación en 1995 por 148 países. El mismo camino que han utilizado más los países ricos que los subdesarrollados que son los que más lo necesitan. En otras palabras por primera vez nuestro sector y nuestro Gobierno conjuntamente toman la firme decisión de pedir que se respeten nuestros legítimos derechos.
Nuestros visitantes no innovaron con su planteo. En efecto, nos volvieron a pedir paciencia. Hicieron un esfuerzo importante para hacernos comprender que el mundo está cambiando rápidamente y que los problemas que tiene Uruguay para colocar su arroz en el mercado internacional son graves y serios, por lo que consideran de toda justicia nuestro planteo. Pero que EEUU no es el responsable de esta situación, sino Tailandia y lo bueno que sería que EEUU y Uruguay sumaran fuerzas para enfrentar la política arrocera de este importante exportador asiático. Insistieron mucho también en que deberíamos aguardar con paciencia al año que viene, porque la nueva ley de granja (Sí, la misma farm bill) que está por salir, va a traer una drástica rebaja de los subsidios. Que deberíamos advertir, además, que la Ronda de Doha está por finalizar y en su resolución, seguramente, se inscribirán disposiciones que nos van a favorecer.
El mundo estará cambiando mucho y quizás lo esté haciendo rápidamente, como nos lo plantean, pero la vieja receta de esperar pacientemente, no ha cambiado y están haciendo el mayor de los esfuerzos para que siga dando tan buenos resultados para sus intereses como hasta ahora, para lo cual nosotros deberíamos apartarnos del camino iniciado.
De lo que sí estamos seguros es que una cosa importante ha cambiado. Hoy la decisión de cómo seguir manejando este problema está en nuestras manos.
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