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ENTREVISTA                              

DON ENRIQUE PREDEBON, PRODUCTOR DE ARTIGAS

”TODO LO QUE LOGRE FUE GRACIAS AL ARROZ”

“Junto a mi familia, con mucho esfuerzo y pese a calores y heladas. Lo volvería a hacer sin dudarlo, y aquí en Uruguay”

Con su acostumbrada mirada calma, seguido atentamente por uno de sus hijos –Mario- Don Enrique Predebón nos recibió en su casa, en Artigas, desglosando, por más de dos horas, una historia de vida. Es la suya, que realmente es de un mérito enorme. Sin su padre a los 13 años y siendo el mayor de nueve hermanos, le tomó el pulso a la vida y con su exilio voluntario -en busca de horizontes- la frontera con Uruguay le acarició sus sueños y le conquistó para siempre. Hoy está con su empresa de pie y sus nueve hijos mirando al frente. Muy al frente.

 

-Vamos a conversar para los amigos de la Revista “Arroz”. Es un  placer enorme. ¿Su nombre completo?

-Enrique Predebón Rosarola.

-¿Dónde nació?

-En Cachoeira do Sul, Rio Grande do Sul.

-O sea que es de nacionalidad brasileña.

-De nacionalidad brasileña pero de origen italiano.

-Cuéntenos: ¿qué familia tiene?

-Tengo 9 hijos. Entré en el año 1960 a trabajar acá, con la arrocera. Empecé con un tractor Fordson que plantaba con siembra al “boleo” en unas 80 o 90 hectáreas.

-¿Cuándo llega al Uruguay por primera vez?

-El 15 de agosto de 1960.

-¿Por qué vino al Uruguay?

-Porque había pocas posibilidades de poseer tierra en el Brasil. Antes había plantado en Quaraí, en el año ’57. Pero en el ’60 surgió la posibilidad de tener una tierra aquí, en la costa del Cuareim, lindera con Brasil. Arrendé y seguí plantando ahí.

-¿Cuántos años tenía en el ‘60?

-31.

-Bien joven. ¿Vino solo o con la señora?

-Con la señora, la familia y los hijos. En aquel entonces tenía tres. Después tuve los seis varones acá. Tres brasileros y los tres últimos uruguayos.

-Cuénteme quiénes son sus hijos brasileros.

-Ney, Augusto y Juan. Las hijas también son brasileras.

-¿Cómo se llaman las hijas?

-Michele, Rose Cler y Teresita.

-¿Y los uruguayos?

-Mario, Marcos y Eduardo.

-¿Todos vinculados a la actividad arrocera?

-Todos.

-¿Viven todos en el Uruguay o en distintas partes del Brasil?

-Hay una sola en Brasil: Rose Cler, que está en Quaraí.

-Correcto. O sea que tiene a  toda la familia por aquí cerca. Arrancó en el año ’60: me dijo que había conseguido una fracción de tierra. ¿Dónde?

-En Paso de Lemos, propiedad de los Iriarte, Venancio y Fermín. Ahí planté durante 19 años.

-¿Qué superficie, me dijo?

-80, 90 o 100 hectáreas. Algún un año planté más, algún año menos.

-¿Cómo era el sistema de plantío? 

-Se hacía con el Fordson. Se araba, se disqueaba y se plantaba al boleo. Se tapaba con la tapadora, se hacía taipa con arado y ahí seguía. Después se bombeaba, cuando el tiempo iba bien, desde el río Cuareim, con motor. Tenía un levante con tractor en la laguna con Fordson. Se hizo un canal de tabla, por desnivel, arriba de la bomba. En aquel tiempo no se usaba cañería. Era trabajoso, había una altura de cinco o seis metros. Y ahí seguimos. Después se cosechaba todo a hoz. Yo cortaba junto con el personal, con los peones, unos 30 o 40 hombres. Después se arrastraba para la trilladora con tractor, con una rastra y la trilladora funcionaba con el motor de bombeo. Yo, con un colega mío de Brasil y otro de acá, arrimábamos para la trilladora. Era de “meta y ponga” para dar abasto a la trilladora. Había dos rastrones: cuando trillaba un rastrón, llegaba otro cargado.

-En aquella época, ¿usted vivía acá en la ciudad?

-Vivía en campaña. Viví diez años en campaña, hasta el ’70.

-¿Desde el ‘60 al ’70 en campaña?

- Sí, en campaña. Me compré esta casa en el año 70 y pasé a vivir acá.

-Don Enrique, sigamos avanzando con las preguntas porque realmente nos interesa muchísimo. ¿Cómo adquiere la primera fracción? ¿Mediante el Instituto de Colonización o por  compra personal?

-La primera fracción la compré en el año ’71 o ’72  con facilidades, a  tres años de plazo. Conseguí cumplir y seguí siempre plantando arroz.

- O sea que, desde el ’60 al ’70  usted arrendaba la fracción.

-Sí, sí. Después de que compré esa fracción fui poblando y criando. En el año ’71 o ’72 fundé el molino de Casarone. Trabajé cuatro años. Como tenía un socio, yo era el que tenía más parte. Eso no me ayudaba y vi que no iba a funcionar.  Tenía que atender la arrocera, el campo que había comprado y el molino. Así que resolví vender y comprar otro campo.

-Se fue multiplicando de a poquito.

-Sí.

-¿Y con quién aprendió, don Enrique? 

-Aprendí con la vida.

-Aprendió solo.

-Aprendí solo y me crié en el tiempo de la brutalidad, en que se hacía todo a mano.

-Entonces, la enseñanza la tuvo de sus padres.

-Sí, aprendí de mi padre. Era muy compañero, pero lo perdí cuando tenía 13 años y no llegué a terminar tercer año de Primaria.  Aprendí todo con mi padre.

-¿Y qué recuerda de él?

-Mi padre era muy bueno, muy trabajador y muy inteligente. Falleció con 40 años y yo aprendí todo con él.

-Y a los 13 años, ¿qué hizo?

-Seguí llevando la cosa para adelante. Yo era el mayor. Eramos nueve hermanos y seguimos luchando. Eramos pobres. Me casé con 26 años. Eramos cuatro varones y cinco mujeres y la tierra era poca. Por eso resolví venir para la frontera. Vine a Quaraí, arrendé un pedazo de tierra, plante ahí tres años y en el ’60 pasé para acá.  Después repartí con mis hermanos y seguí luchando. Siempre tuve ganas de seguir para adelante.

-Don Enrique, seguimos con lo productivo. Estamos en el año ’61. Quisiera preguntarle qué sintió con la primera cosecha, cuando cosechó por primera vez lo suyo propio.

-Siempre coseché bien, gracias a Dios. Nunca perdí plata. Trabajé con el Banco de la República desde que entré y siempre me fue bien. Siempre me sobró algo.

-¿El clima nunca lo castigó?

-Sí, me castigó. En el ’65 perdí la mitad de la cosecha por seca. Aún así me sobró algo. Siempre me fue bien.  Se producía con poco gasto en aquel entonces.

-A ver, cuénteme cómo se producía con poco gasto.

-Sí, porque el combustible era barato, no se ponía nada de fertilizante y nada de herbicida. Pero en los últimos años se empezó a poner algo de herbicida, pero nada de fertilizante y no se usaba urea.

-Y la mano de obra también era propia.

-Sí. Teníamos un peoncito que me ayudaba a plantar y a regar, pero después en la cosecha sí.

-Ahí había 30 ó 40 personas.

-Sí, 30 o 40 personas para cosechar a mano. Recién en el año ’66 conseguí comprar una cosechadora.

-Cuénteme cómo recuerda la compra de la primera cosechadora.

-Era una John Deere alemana. La compré en Uruguay a Orlando Arbiza.

-¿Usada? 

-No, nueva. En el mismo año planté en Colonia Palma, en el establecimiento “La Riusa”, propiedad de Laires dos Santos. Al año siguiente planté en lo de “Perucho” Conti.

Después planté en lo de Carlos Riani. Y seguimos: estaba un cuñado mío y le pedí participación. Después fui dejando para los otros cuñados.

-¿Estamos hablando de qué año?

-Del 69 o 70.

-Y todo esto, previo a tener su campo propio.

-Sí, sí.

-Alguien nos comentaba que el arrocero, cuando mira su siembra y su cosecha es como que conversara con la tierra. Cuénteme: después de la primera cosechadora, ¿qué siguió buscando, don Enrique?

-Siempre seguí para adelante, con ganas de tener, de comprar una fracción, un campo para criar, en fin.  Compré uno, lo vendí, compré otro, cambié varias estancias y como cinco campos. Me fui agrandando y al final conseguí juntar todo en uno solo.

-¿Dónde está ahora?

-Una parte está en Timbauba y luego compré la Noita, que son 8.000 hectáreas. Ahí hay tierra para arroz y tenemos tres represas.

-¿En qué momento complementó la ganadería con el cultivo del arroz?
-Con la ganadería empecé en el 71 o 72.

-¿Y por qué empezó con la ganadería?

-Empecé porque tenía ganas de tener una fracción de campo, de empezar a comprar. Conseguí comprar con facilidades. Pagué, dentro de los plazos, las cuotas que había que pagar y así fui ampliando. Vendía una fracción más chica, compraba otra más grande y al final me junté con todo eso.

-¿Van de la mano la ganadería y el arroz?

-Sí, no hay ningún misterio. No hay  ningún bicho de siete cabezas, como dicen algunos:   “si usted está en el arroz tiene que seguir en el arroz”. Yo siempre pensé que no era complicado, porque desde chico teníamos animales y sabía cómo era.  Si uno no tiene experiencia busca a un veterinario. En fin: no hay misterio.

-¿Y cuándo cambia la modalidad de siembra?

-Cambió después del ’80, cuando se empezó a usar más fertilizante y a aplicar más tecnología.

-Y hoy, ¿cómo es el sistema de trabajo que tiene don Enrique Predebón?

-El sistema es muy lindo, muy bueno, porque la ganadería se hace en base a praderas, se trabaja con ganado de cría y novillos. Tengo todo el ciclo.

-¿Practica la siembra directa?

-Ah, la siembra directa es otra vida.

-Cuándo empezó la siembra directa, ¿lo hizo de a poco o directamente en toda el área?

-Fue de a poco. No fue de un año para el otro. Me llevó tres, cuatro o cinco años.

-¿Y cuándo se convenció realmente de que le sirve la siembra directa? ¿Es práctica, efectiva y rápida?

-Ah, sí, de unos años para acá –cuatro o cinco- es mucho más rápida.

-Dígame qué área siembra hoy.

-Alrededor de 2.000 hectáreas.

-¿Cuál fue su primer destino comercial? ¿Después pasó al molino y después a otra firma?

-Sí, a SAMAN.

-¿Qué fue lo primero que hizo comercialmente?

-En un principio vendía a Montevideo para exportación. Tenía a alguien que hacía todos los trámites y trabajé cuatro o cinco años. Luego vendí el molino y en el 79 u 80 entré a trabajar con SAMAN.

-¿Y sigue con SAMAN?

-Sí.

-Usted tiene muy claros los objetivos. Es considerado uno de los mejores productores del país, ¿no?

-Sí.

-¿Cómo se logra buen rendimiento?  

-El rendimiento, ahora, es mucho mayor que en los años en que yo entré. No se ponía nada de fertilizante, pero con la tecnología actual y las variedades de arroz que hay, se produce mejor. En aquel entonces se sembraba la variedad “doble carolina” o “agulinha“. 

-Cuénteme cómo era.

-Era un arroz alto y de grano largo.

-¿Hasta cuándo se sembró?

-Hasta el ’70.

-¿Era la única variedad?

-No. Había un arroz más chico -que se llamaba japonés- y más adelante aparecieron el Blue Belle y otras variedades.

-Y ahora, ¿qué variedad está sembrando?

-Ahora se planta la variedad 144.

-Usted, ¿es de cambiar variedades o acompaña al mercado?

-Acompaño al mercado.

-¿Qué rendimiento consigue ahora, en promedio?

-Un promedio de 170 o 180 por hectárea. En aquella época sacábamos 90 bolsas por hectárea siempre que hiciéramos las cosas bien.

-¿Desde cuándo está con 170 o 180 bolsas en promedio?

-Como diez años.

-Dígame: el arroz, ¿alguna vez lo decepcionó? ¿Le dieron ganas de tirar todo al diablo y empezar en otra cosa?

-No, nunca. Siempre tuve fe en el arroz. Anduve bien y nunca pensé en otros plantíos, como soja o esas cosas.

-¿Nunca pensó en otro plantío?

-No, siempre en el arroz.

-Aunque hubo crisis.

-Si, hubo crisis.

-¿Cuál fue la peor que recuerda?

-La peor fue la del año ’65, una gran seca. Pasé mucho trabajo para salvar la mitad. Y en otros años perdí por crecientes.

-Y ese año ’65, ¿a usted le hizo cambiar en algo? ¿Pensar en un sistema de riego, por ejemplo?

-Sí, me hizo, pero no había otra posibilidad. En aquel entonces no había represa. Era siempre medio riesgoso. Se podía perder por seca o por crecientes, como se perdió un poco. Pero siempre salí bien, por suerte.

-Usted tiene represa, ¿verdad?

-Ahora sí.

-¿Qué área utiliza del predio para el cultivo de arroz del riego con represa?

-Una represa da para regar 550 hectáreas. La segunda riega alrededor de 250 y la tercera otras 200. Y después tengo otra, en otro campo, que da para regar 400 hectáreas. La mayoría del riego se hace por gravedad.

-Y al momento de llegar a la parte final de la cadena tenemos que hablar de precios,  de mercado y demás. Nos metemos en otro capítulo que también es muy importante. 

¿Alguna vez fue gremialista?

-No, no.

-¿Por qué?

-Nunca me gustó. Yo soy hombre de trabajo, de la arrocera y de la ganadería.

-A veces da rabia cuando el precio baja más de lo que debe y no sube tanto. En una década hubo un tope de hasta 12 o 13  dólares, y después bajó.

-Los primeros años, no sé si fue en el ’65, pensé que no iba a poder pagar al Banco de la República. Si no pago voy a tener que entregar todo y volver a Brasil, pensé. Resulta que dio para poder pagar todo y al final no tuve problemas. Ahí seguí para adelante, trabajando 30 años con el Banco de la República.  Hace como 15  que dejé el Banco. 

-¿Sintió miedo por su producción en esa oportunidad en que casi perdió todo?  ¿Siempre se sintió confiado para volver a empezar?

-Sí, sentí miedo, creí que me iba a liquidar y a tener que irme, pero después por suerte salió bien y seguí.

-Ese, ¿qué año fue?

-El ’65.

-Fue el peor año, el que lo marcó.  

-Claro y después seguí para adelante. Siempre gané plata, nunca perdí.

-Y nunca le gustó ser gremialista porque no se siente gremialista, pero tiene razones suficientes como para defender determinado tipo de cosas. ¿Qué le molesta más, por ejemplo en el tema del precio? ¿O acaso es una razón de mercado que escapa a todo? 

-Sí, razón de mercado y de precio, porque a veces el precio no ayuda, pero hay que conformarse. Si gana menos, hay que seguir.

-¿Qué es lo que alguna vez lo enojó y le haya dado ganas de ser gremialista por  un momento, aunque más no fuera?

-No, por eso no. Nunca me enojé por eso.

-¿Qué opina de la actitud de los colegas brasileños, que a veces se enojan un poco y marcan una actitud gremialista que dificulta la relación?  

-Eso es como todo. Cada uno hace lo suyo, no sé.  Yo no opino sobre eso.

-¿Hay alguien que se beneficia más de lo que debiera con el trabajo de los arroceros?  

-Sí, alguno se puede beneficiar más que otro, pero todo depende de cómo trabaja, de cómo se maneja. Hay que producir. No hay día libre. No hay domingos. Yo no tenía domingos, ni Navidad, ni Primero de Año. No había nada de nada.  Y ahora también: si se me necesita, no tengo Navidad ni Primero de Año.

-¿Cómo maneja la empresa ahora? ¿Quiénes se ocupan del campo? ¿Usted está a la cabeza?

-Yo estoy a la cabeza en el campo y mis hijos en la arrocera.

-¿Cuáles hijos están allá ahora?

-¿En la arrocera? Todos. Los seis varones.

-O sea que Predebón es una empresa con todos los hijos.

-Sí. Medio y medio dividido, pero están todos en la arrocera y yo en el campo.

-¿Es exigente usted en el momento de producir? ¿Se marca, por ejemplo que “en esta zafra hay que cosechar tanto, hay que sembrar tanto, tiene que salir tanto?”.

-Sí, hay que estar siempre arriba porque el personal es el personal. La cabeza tiene que estar, aunque sea en la arrocera o en la galería, pero hay que estar.

-O sea que no hay que improvisar.

-No, no hay que improvisar. Si uno deja todo librado al “Dios proveerá” no va para adelante.

-Don Enrique, ¿cuáles serían sus objetivos de aquí en adelante? ¿Cómo le gustaría que transcurriera, en el futuro,  su vida personal y la de la empresa?

-Yo estoy marchando bien. El tiempo ahora está complicando con la sequía, pero si Dios quiere vamos a salir bien. El año pasado salí bien.

-Y si algo le obligara decidir entre ser ganadero o arrocero, ¿qué elegiría?

-Ganadero. A esta altura de la vida sería ganadero, que es más sencillo.  Si corre más seco va a ser como ahora.  El año pasado vendí mil y algo de reses, en marzo, para aliviar el campo y me salvé.  Ahora estoy vendiendo de vuelta.

-Y el rastrojito de arroz, ¿lo ayuda con la pradera? 

-Sí, ayuda.

-¿Qué área tiene, más o menos?

-No hay mucha, porque una parte es de los hijos. Son cien hectáreas. Tengo praderas que siempre ayudan.

-Para ir finalizando, Don Enrique: ¿qué le pediría a la gente de la gremial si ve que se equivoca? Si estuviera sentado con Hugo Manini, el Presidente de ACA, ¿qué le pediría, qué le diría, qué es lo que hace falta para que la Asociación tenga más fuerza de la que tiene? El hombre y la gremial lograron cosas que nunca se habían logrado: que un gobierno lo atendiese -nada más ni nada menos- y que el Uruguay hiciera cosquillas a un país como Estados Unidos. Gremialmente han logrado muchas cosas. ¿Le parece bien esto?

-Sí.

-¿Le preocupa el tema de los subsidios? 

-Un poco, sí.

-O sea que cuánto más subsidio pueda haber, nosotros, acá, tenemos que mirar solamente a Brasil.

-Sí, justamente.

-¿Cómo definiría a Uruguay?

-Bien. Estoy radicado acá y me siento bien.

-¿Volvería a vivir en Brasil?

-No, por ahora no. Al principio tenía ganas de volver, pero después me adapté y ahora no pienso hacerlo.

-¿Cuánto nietos tiene?

-Como quince. No recuerdo bien.

-¿Le gustaría que fueran todos productores agropecuarios, como usted?

-Sí, cómo no.

-¿Son todos uruguayos?

-No, hay un brasilero.

-Así que su corazón está dividido: mitad en Brasil, mitad en Uruguay.

-Está más en Uruguay que en Brasil.

-Su señora, ¿nunca le pidió volver a Brasil?

-No, nunca.  Era yo el que tuvo ganas de volver a los dos años de estar acá, pero ella nunca tuvo.

-¿Qué se necesita para ser un buen productor arrocero? ¿Qué  consejo daría? 

-Que hay que atender, trabajar y estar arriba del personal, hacer las cosas bien, administrar. A mucha gente le fue mal porque no atendía y dejaba en manos del personal. Se iba un sábado y volvía el lunes o martes, y así no marchaba. Como me decía siempre  Caíco Riani: “Usted no para un domingo”. ¡Y qué le vamos a hacer! Si hay un compromiso hay que atenderlo. No hay libres, no hay domingo, Primero de Año, Navidad, nada. Hay que andar, y más ahora, con la pecuaria. Hay que andar todo el día.  Es muy raro el día en que no hago...

-Si volviera a nacer, ¿sería nuevamente productor agropecuario?

- Sí, sí.

-¿No dudaría en ningún momento?

-No.

-Muchas gracias, don Enrique.

-Se merece. Gracias a ustedes.

(LA REVISTA “ARROZ” AGRADECE LA VALIOSA COLABORACION DEL PERIODISTA QUE REALIZO ESTA ENTREVISTA: EL SEÑOR. CARLOS BAEZ)

  

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