Área InstitucionalDatos EstadisticosPublicacionesÁrea exclusiva para sociosIndustria y Comisión Sectorial del ArrozRecetas con arroz

                              

El New York Time coincide con la Revista "Arroz"

    En víspera de la Conferencia Ministerial de Hong Kong, el mayor diario de EEUU, en su editorial, maneja los mismos conceptos que desde hace muchos años venimos sosteniendo en esta Revista.

 

PROMESAS, PROMESAS.....

En 1947, cuando 23 naciones acordaron dar inicio a una organización internacional que promoviera y arbitrara disputas comerciales, los deseos de los países pobres contaban poco. Las naciones industrializadas estaban reconstruyéndose después de la Segunda Guerra Mundial, y permanecían los señores coloniales de Asia y África. Durante la siguiente mitad de centuria, ese club –hoy conocido como la Organización Mundial del Comercio- desmanteló agresivamente las barreras contra el comercio en los productos industriales y de servicio, áreas en las cuales sus miembros mantenían una ventaja comparativa.

Pero en lo referente a áreas donde los países pobres podrían florecer, tales como la textil y la agricultura, la historia ha sido diferente. Los impuestos aduaneros norteamericanos en textiles y ropa están entre los más altos de la nación. Europa, Japón y Estados Unidos continúan resistiéndose a afrontar la competencia global en agricultura en términos justos. Los mismos representantes del club de países ricos que recorren el mundo presionando a los pobres para abrir sus mercados al libre comercio ponen barreras cuando esos países piden a los ricos desmantelar sus propias barreras al libre comercio en los productos agrícolas.

El mes pasado, negociaciones en la sede de la Organización Mundial del Comercio en Ginebra hizo patente esta triste realidad. Se supone que el grupo finalmente aclarará el asunto de los subsidios agrícolas. Cuatro años atrás, en Doha, Qatar, los países pobres demandaron –y supuestamente ganaron- una promesa de que Europa, Japón y los Estados Unidos recortarían los subsidios agrícolas, además de más liberalizaciones en el comercio mundial de servicios y bienes manufacturados. Hace un año, la Organización Mundial del Comercio se dio tiempo hasta julio de 2005 para diseñar cuidadosamente un plan para ejecutar todo esto.

Desde entonces –sorpresa, sorpresa- los negociadores han dado grandes pasos hacia acuerdos para cortar impuestos aduaneros para productos manufacturados y, en un menor monto, servicios. Ambos son rubros importantes para los países ricos.

¿Y adivinen cuándo las negociaciones se han detenido súbitamente? La Unión Europea y los Estados Unidos están muy ocupados peleando sobre qué tanto podrán salir impunes cuando llegue el momento de liberalizar el comercio agrícola. Escuchamos a estas dos superpotencias económicas dispararse duramente acerca de quién debería hacer lo que es sumamente desagradable; nadie está haciendo nada en realidad.

El mundo desarrollado envía casi mil millones de dólares por día en subsidios para sus propios granjeros, estimulando la sobreproducción, que hace decaer los precios en los productos que se comercian mundialmente. Los agricultores de las naciones pobres compiten con productos subsidiados, aun dentro de sus propios países. En años recientes, los agricultores de Estados Unidos han sido capaces de deshacerse a precios bajísimos de su algodón, trigo, arroz, maíz y otros productos en los mercados mundiales; precios que no alcanzan a cubrir sus costos de producción, todo gracias a los políticos y a expensas de los norteamericanos que pagan sus impuestos. El sistema europeo, mientras tanto, es aún más desagradable: los subsidios agrícolas de Estados Unidos equivalen a sólo a un tercio de los de la Unión Europea.

Los impuestos aduaneros agrícolas también son un problema. Tomemos al cacao. Los impuestos aduaneros del producto crudo son más bajos que los del producto final. Eso significa que los países productores de cacao como Ghana no pueden exportar chocolate a Europa, y se ven forzados a exportar la materia prima, el cacao, en su lugar.

Fue con grandes fanfarrias que cinco años atrás los Estados Unidos y otros 188 países firmaron la Declaración del Milenio de las Naciones Unidas, una magna carta para erradicar la pobreza, el hambre y la enfermedad de entre los mil millones de personas en el mundo que subsisten con casi nada. La más importante de esas metas era que los países ricos finalmente den fuerza a esa gastada frase de “Equiparen el campo de juego”, cuando se refiere al comercio.

Pero hasta ahora no ha sido otra cosa que hablar, hablar, hablar de comercio. Mientras los ricos prosiguen su vergonzosa confusión, los países pobres deben asumir precios absolutamente no competitivos. Pocas semanas atrás, el representante de Comercio de la Unión Europea, Peter Mandelson, se quejó a los periodistas, verdaderamente, de que la Unión Europea había estado haciendo más que la justa parte de compromisos adquiridos en las conversaciones de la Organización Mundial del Comercio. “Este proceso de compromisos ha sido una calle de una sola vía por más de un año”, dijo.

El señor Mandelson y sus contrapartes de América y Japón harían bien en recordar qué ocurrió en Cancún, México, en setiembre de 2003, cuando un bloque de países pobres, liderados por los paísess del oeste de África molestos por los subsidios en el algodón, colaboró con el ataque a un tratado internacional de comercio. Los grandes negocios de ambos lados del Atlántico realmente quieren un pacto comercial que liberalice las reglas de los productos manufacturados y los servicios. Pero para los países pobres, el proceso de compromisos ha sido un asunto unilateral por más de medio siglo. Es tiempo de que el mundo rico empiece a comprometerse un poco más.

  

| Área Institucional | Datos Estadísticos | Publicaciones | Área exclusiva para Socios |
| Industria y Comisión Sectorial del Arroz | El arroz en la Alimentación |

© Asociación Cultivadores de Arroz
Andes 1409 Piso 4º. Tel: (598 2) 901 72 41 Telefax (598 2) 900 1824

E-Mail: aca@aca.com.uy