Por
suerte para todos, las expectativas de una muy buena cosecha se confirmaron.
Este
resultado, tan importante para nosotros, es usado a nivel público de diferentes
formas y con objetivos muy dispares.
En
efecto, los que tuvieron la responsabilidad histórica de implantar el retraso
cambiario en la política económica de nuestro país en los últimos diez años,
se presentan hoy ante nosotros, apelando a nuestra mala memoria, como defensores
de la producción agropecuaria y se refieren
a esta cosecha como “record”, sin dejar escapar la oportunidad para
prometer un sitio de privilegio, en un futuro gobierno, para la producción
arrocera.
A
los “inversores extranjeros”, esa figura tan venerada por las autoridades
actuales y por muchos de los que aspiran a serlo, no les bastó el festín que
se hicieron con la compra de tierras, a precios de sufrimiento para el productor
agropecuario, ni el dinero que se llevaron gracias a la política financiera,
por lo que hoy regresan, ya no de
frente ni al descubierto sino detrás de “licitaciones de carteras
vencidas”, husmeando las “presas” interesantes que aún puedan quedar
entre tantos escombros. Para ello proclaman:
¡el agro está a salvo!, ¡ha ganado muchísimo dinero!, ¡ahora deben
pagarnos!. Por supuesto que se refieren a
ellos, no al Banco que “bancó” realmente la crisis.
Mientras
tanto los productores, los auténticos inversores, los que siguieron invirtiendo
durante cuatro años consecutivos a pesar de las fuertes pérdidas, los que
soportaron estoicamente junto a su familia
un embate tan devastador como nunca antes había enfrentado el sector
productivo, saben que, por suerte, tienen hoy ante sí una muy buena producción,
pero que aún falta industrializarla y comercializarla en buenas condiciones
para que todo resulte bien. Y saben también que necesitan levantar muchas
cosechas como la actual para “empatar” cuatro años de fuertes pérdidas.
El
déficit económico acumulado en los últimos años ha sido de tal magnitud que
resulta imposible saldarlo con una o dos zafras.
Necesitamos varios años por delante de rendimientos y precios buenos
para quedar a cero. Y esto parece solamente ser percibido por los productores.
Debemos
admitir que estamos en un año confuso y que una vez más la calesita electoral
genera una suerte de inacción, de parálisis, de descoordinación generalizada.
Aún
en instituciones como el BROU se ha perdido la organización y la unidad de
criterio básica para que funcione. La respuesta recibida ayer, seguramente será
diferente a la de mañana, aún formulada en el mismo lugar del Banco. Hasta
tenemos dificultad en hacerle entender que si estuvo junto a nosotros en las
malas, también debería estarlo en las buenas.-
Como
barco encallado en la arena, después de tan brutal temporal y tan inexperto
timonel, está hoy nuestro país, al que cada día le prenden un nuevo gancho de
abordaje para apropiarse de sus últimos recursos, apoyados internamente por una
burocracia que lo hace cada vez más inoperante.
El
sector arrocero, al igual que los demás sectores productivos del país, están
empleando todas sus fuerzas y entregando todos sus recursos para que vuelva al
mar, para que vuelva a navegar, pero se necesitan dos condiciones básicas para
tener éxito: mar calmo y
nueva tripulación .
|
|
Área Institucional |
Datos Estadísticos |
Publicaciones |
Área exclusiva para Socios | © Asociación Cultivadores de Arroz
|