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Reportaje a un productor arrocero de RÍO BRANCO
ARTHEMIO SCHRANCK


Un contumaz del trabajo

Don Arthemio Schranck, es un típico productor arrocero de la localidad de Río Branco que no se sabe bien si es brasileño o uruguayo – exponente de esa llanura platina que desdibuja sus fronteras entre Uruguay y Brasil – y que fue el gran semillero de los pioneros del arroz en nuestro país. Casado con Miralva de Oliveira Meyer con quién tuvo 3 hijos que forman parte del activo fijo de su empresa, Jacira, Marcos y Marcia.

Constituye una figura emblemática del paisaje fronterizo. Desde hace 40 años atraviesa el puente Maua con las primeras luces del día. A mediados de los sesenta, esto ocurría esporádicamente según fueran las necesidades de su gente o de su maquinaria, porque lo separaban 4 largas horas de viaje de aquel lejano e inhóspito Rincón de Ramírez donde hizo sus primeros cultivos en tierra uruguaya. Llegando a los años ochenta su figura inconfundible, inclinada sobre el volante de la camioneta, se confundía con las cotidianas barras del alba, que se estiraban desde donde el río Yaguaron desemboca en la Laguna Merin.

Se trata de un contumaz más ….. pero con el trabajo. La única tregua que le ha dado a su cuerpo fueron los viajes junto a otros productores a EEUU y Alemania, para enriquecer sus conocimientos sobre otras realidades del cultivo y nuevas tecnologías en la construcción de maquinaria agrícola, como un postgrado a la “Universidad de la Vida”.

Se puede decir que es un triunfador. De aquellas 3 hectáreas – del minifundio familiar –que comenzó a trabajar con caballos y a pie en compañía de su hermana mayor y de su madre en el Sertao, hoy cultiva mil hectáreas propias y otras tantas en sociedad con sus hijos.

Es respetado por todos. Por sus colegas y sus colaboradores, para los cuales siempre tiene tiempo para atender sus necesidades.

Nos recibe en el casco de su arrocera donde se destaca junto a los galpones para uso de taller y depósito de maquinaria, las prolijas viviendas de sus empleados y las instalaciones del secador y silos. Es cordial, memorioso, le gusta recordar escenas de su infancia y juventud que transcurrieron entre el Sertao Santana, Guaiba y la Barra de Ribeiro.

¿Qué oportunidades le dio la vida para capacitarse a quién quedó huérfano de padre a los diez años? ¿Qué estudios realizó?

Hice hasta 4° año de Primaria. Mi principal estudio lo tuve en la “escuela de la vida”, trabajando desde los 10 años cuando murió mi padre Guillermo. Junto a mi madre y a mi hermana Hildegar, que era un año mayor que yo, nos hicimos cargo del trabajo y de a poco velamos por nuestros hermanos menores Siria y Silvio, que era el menor con 5 años.

Plantábamos 3 hectáreas de arroz con caballos, uno de los cuales lo aportó mi madre en el momento del matrimonio, como se estilaba en aquella Colonia de abuelos alemanes e italianos. Mi vida transcurrió entre esa pequeña “lavoura” y las visitas al tío de mi madre Luis Marocca,  que tenía una empresa en Barra de Ribeiro, donde extraía agua con una máquina a vapor de la Laguna de los Patos para regar 1.000 hectáreas de cultivo.

Después de una de aquellas duras cosechas con hoz y empajerando el arroz para después trillarlo, sentí la necesidad de consultar al molinero Don Carlos Raab, que poseía un molino artesanal que procesaba 8 bolsas por hora, que me diera su opinión sobre si seguir con el cultivo. Y el me dijo: Muchacho (rapais), nunca dejes el arroz, es el cultivo más noble y si perseveras en tu esfuerzo vas a ver a tu esfuerzo coronado por el éxito. Y para buscarlo no tengo otro diploma que estas manos que tú ves - que no son nada pequeñas - y una voluntad de hierro para no doblegarme ante ninguna adversidad.

¿Cuando adquirió la primer fracción de tierra?

Fue en el año 1975. Compré 49 hectáreas en la 3ª Sección de Cerro Largo, en la Ruta 26 km. 75. Este campo pertenecía a un renombrado productor, también de origen brasileño, Ney Brasil y un año después compré 40 hectáreas más que pertenecían a los hermanos Monzón.

¿Como logró adquirir una toma de agua a nivel de la Laguna Merin, en que año fue y lo que significó en su proyección de empresario arrocero?

Fue en el mismo año (1975) que Saman me facilitó la tramitación para obtener una toma de agua en el río Yaguaron, a nivel de la Laguna Merín que pertenecía a Keller e Hirán Cointiño. En realidad fue Don Ricardo Ferrés que creyó en mí. Conocía mi trayectoria y mi trabajo desde que ingresé al Uruguay en 1965, primero en el Rincón de Ramírez, en el Establecimiento La Querencia donde operaba Don Lourenco Ensslin y formé una sociedad junto con Darcy y Waldemar Vencato y años después en lo de Fosatti en Cerro Largo de 1970 a 1975.

Para un empresario arrocero tener una toma de agua propia da una mayor independencia. Don Ricardo, que fue un líder indiscutido del sector arrocero, sabía muy bien lo que estimula premiar el esfuerzo, en una actividad donde hay tantos obstáculos.

 

¿Cuál fue el momento de mayor felicidad y cual fue el mayor sinsabor?

La mayor felicidad aparte de formar una familia con 3 hijos, fue cuando comencé a ser propietario de tierra.

No podría jerarquizar cual fue el mayor sinsabor. Creo que la vida está llena de sinsabores pero mi temperamento me ayudó a superarlos.

¿Recuerda la crisis de  los años 1969/70? Si la compara con la crisis del cuatrienio 1999/03 ¿Cual fue más dura?

La crisis del 69/70 en la que no pudimos exportar una zafra entera, fue muy dura por la falta de recursos financieros pero a partir del 71 nos resarcimos con creses.

A pesar de que me encontró en una mejor posición, para mi fue mucho más grave la crisis de 1999/03, no solo por lo que significan 4 años de producir por debajo de los costos de producción sino por la falta de respuesta de las autoridades gubernamentales.

¿Saldría nuevamente con toda su maquinaria a la ruta como lo hizo Ud. y la mayoría de los productores aquel lluvioso 16 de abril del 2002?

Si, saldríamos nuevamente si las circunstancias nos obligaran. Pero nunca cerraríamos las rutas, nunca impediríamos la libre circulación en las mismas.

¿Qué comparte y que no comparte de la protesta de nuestros colegas riograndenses?

No comparto la barrera a las mercaderías que ingresan de Uruguay, pero si la lucha de los productores para obtener un precio que permita cubrir los costos de producción.

¿Cómo ciudadano nacido en Brasil no se siente discriminado cuando se habla de impedir el libre tránsito de las mercaderías producidas en el MERCOSUR  por parte de algún dirigente riograndense?

No, no me siento discriminado porque entiendo que no puede haber ciudadanos de primera y de segunda en el Mercosur.

¿Cómo ve  la gestión de la A.C.A.?

Veo que trabaja bien, con mucho esfuerzo y mucho interés.

¿A su entender hacia que metas debería apuntar nuestro gremio arrocero?

Debemos tratar de lograr mayor unión entre los agricultores y de mayor diálogo entre productores y  molineros para conseguir un mayor precio para el producto. Tenemos que seguir aumentando los rendimientos, que aunque son promedialmente los mejores de la región, aún nos resta mucho por hacer y por esa vía abaratar los costos. Debemos experimentar nuevas variedades que le permitan a las industrias exportadoras la conquista de nuevos mercados. Y todos los productores de la región, ya planten en Brasil, en Argentina o en Uruguay, tenemos que hacernos a la idea de que la producción de arroz, si ya no ocurrió, en breve va a sobrepasar las necesidades del consumo y que la búsqueda de nuevos mercados es tarea de todos.

  

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