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 COMERCIO INTERNACIONAL

COMERCIO INTERNACIONAL

(Este trabajo se realizó tomando como base el “Informe sobre desarrollo humano 2005”, realizado para el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

Dice un proverbio Africano:

            “Mientras los leones no tengan sus propios historiadores, las historias de cacería siempre glorificarán al cazador”

            Hasta ahora los historiadores han sido los entusiastas defensores de la globalización, para los cuales la acelerada expansión del comercio mundial en el transcurso de los últimos decenios ha sido una “bendición absoluta” para los pobres del mundo. Sin embargo la realidad es más prosaica, para los países subdesarrollados y en consecuencia para los miles de millones de pobres que  los habitan, la globalización ha sido la causante del aumento de su desgracia. Lo mismo ocurre con los productores de materias primas de países como el nuestro, por ejemplo, que en otros tiempos supieron ser los motores del desarrollo económico y social y hoy cada día están más descapitalizados y empobrecidos.

            En el  centro del problema están las reglas de juego, impuesta por los gobiernos de los países desarrollados que rara vez dejan de enfatizar sobre las virtudes de los mercados abiertos, de la igualdad de condiciones y del libre comercio, para lo cual formulan recetas que distribuyen y promocionan permanentemente entre los países en desarrollo. Al mismo tiempo, estos mismos gobiernos, mantienen un formidable conjunto de barreras proteccionistas y gastoN miles de millones de dólares en subsidios, todo para perpetuar su situación de privilegio.

            La hipocresía y los dobles discursos no son cimientos sólidos para crear un sistema multilateral basado en normas y orientado al desarrollo humano.

            La Ronda de Doha de negociaciones comerciales multilaterales de la Organización Mundial del Comercio (OMC)  se puso en marcha en el 2001 y fue catalogada como una “ronda para el desarrollo”. Los países ricos prometieron  poner en marcha medidas prácticas para lograr una distribución más justa de los beneficios de la globalización, sin embargo en estos últimos cuatro años, no se ha avanzado en ninguna cuestión de fondo. Los obstáculos que impiden el comercio internacional permanecen intactos, los subsidios agrícolas aumentaron y los países ricos se dedican activamente a conseguir la aplicación de normas para sus inversiones, sus servicios y su propiedad intelectual, lo que significa una amenaza en profundizar, aún más las desigualdades en el mundo.

“LA DIVISION INTERNACIONAL DEL TRABAJO CONSISTE EN QUE UNOS PAISES SE ESPECIALIZAN EN GANAR Y OTROS EN PERDER”  

Eduardo Galeano

Acceso a los mercados:

            Para que los países en desarrollo puedan cosechar los beneficios del comercio, deben acceder a los mercados de los países ricos. Este hecho fue reconocido en la declaración que dio inicio a la Ronda de Doha, declaración que incluía la promesa de los países ricos “de reducir, o según sea pertinente, eliminar, las barreras arancelarias y no arancelarias que gravan los productos de potencial interés exportador para los países en desarrollo”.

            Sin embargo esto no se ha cumplido, es más se han incrementado las barreras para acceder a dichos mercados. Cuando se trata de acceder a los mercados industriales, cuanto más bajo sea el ingreso medio del país exportador de materias primas, más alto es el impuesto a pagar en destino. Si bien los países industriales aplican aranceles medios muy bajos en las relaciones comerciales recíprocas, reservan algunos de sus obstáculos de acceso más altos a las importaciones que provienen de los países más pobres del mundo.

            En promedio, los países en desarrollo de ingresos bajos que exportan a los países de ingresos altos enfrentan aranceles que son tres o cuatro veces mayores que aquellos que se aplican al comercio entre países de ingresos altos.

            Las exportaciones de los países en desarrollo representan menos de la tercera parte de las importaciones que llegan al mundo industrializado, pero pagan dos tercios del total de los ingresos arancelarios cobrados.

            El ingreso arancelario como porcentaje de las importaciones, ilustra gráficamente la perversidad del sistema impositivo vigente. En los Estados Unidos de Norteamérica, el arancel efectivo que grava las importaciones desde países como Bangladesh y Vietnam es aproximadamente 10 veces más alto que aquel que se aplica a productos provenientes de la mayoría de los países de la Unión Europea.

            La progresividad arancelaria es una de las formas más perniciosas de graduación. Los países industriales habitualmente aplican aranceles bajos a los productos básicos sin procesar, pero elevan considerablemente los niveles cuando se trata de productos intermedios o finales. Los aranceles japoneses y canadienses para alimentos procesados son siete y doce veces mayores, respectivamente, que para productos en la primera etapa del proceso. Por ejemplo, en la Unión Europea, los aranceles aumentan de 0 a 9% para la pasta de cacao y a 30% para el producto final.

            Esta estructura arancelaria impide que los países en desarrollo agreguen valor a sus exportaciones. La progresividad arancelaria está diseñada para transferir valor desde los productores de los países pobres a los procesadores agrícolas y el sistema funciona. Permite explicar por qué el 90% de los granos de cacao del mundo se cultiva en países en desarrollo, pero solo el 29% del cacao en polvo se produce en esos mismos países.     Esta perversa progresividad arancelaria obliga a los países productores a exportar granos de cacao sin procesar y los condena a limitarse a un mercado volátil con poco valor agregado. De esta forma, Alemania, que no produce un kilo de cacao, es el mayor exportador de cacao procesado del mundo y sus empresas captan el grueso del valor final de la producción africana de este mismo producto.

            Además de enfrentar elevados obstáculos de acceso a los países desarrollados, los países en desarrollo alzan fuertes obstáculos al comercio entre ellos mismos,  obstáculos y trabas que generalmente no aplican a los países desarrollados. Esta conducta la conocemos perfectamente los arroceros de Uruguay y Argentina y sufrimos sus consecuencias. En efecto, en años anteriores Brasil impuso diferentes tipos de barreras no arancelarias al ingreso de arroz proveniente de Argentina y Uruguay, en expresa violación al tratado del Mercosur, mientras ingresaba libremente arroz de Estados Unidos bajo regímenes arancelarios especiales. En la actualidad las organizaciones gremiales de Río Grande del Sur han intentado nuevamente transitar este camino. Estas prácticas no hacen otra cosa que fortalecer el círculo de dependencia con los países desarrollados.

Comercio de productos agrícolas:

            La agricultura se ha constituido en el punto de concentración de las tensiones surgidas en la ronda de Doha. Está en juego un aspecto crucial para el desarrollo humano. Más de dos tercios de las personas que sobreviven con menos de un dólar al día, viven y trabajan en zonas rurales, ya sea como pequeños campesinos o como jornaleros agrícolas.

            El problema central de las negociaciones de la ronda de Doha se puede resumir en cinco palabras: subsidios de los países ricos. Los países más ricos del mundo aumentaron el nivel general de los subsidios que otorgan a sus productores, después de haber prometido, durante la última ronda de negociaciones comerciales internacionales (la Ronda Uruguay), que reducirían drásticamente el apoyo a la agricultura. Encabezados por las dos superpotencias en materia de subsidios agrícolas, la Unión Europea y los Estados Unidos, el apoyo brindado por los países desarrollados a la producción agrícola hoy suma 350.000 millones de dólares al año. Los aranceles de exportación, que para varios productos llegan a más del 100% (entre estos, el arroz, el azúcar, las frutas y las nueces) mantienen los precios internos de los países desarrollados por encima de los niveles del mercado mundial. La mayoría de los gobiernos de estos países tendrían una opinión poco favorable de cualquier gobierno de un país en desarrollo que intentara aplicar aranceles y subsidios a tal escala.

            Los países ricos gastan un poco más de U$S 1.000 millones anuales en asistencia al sector agrícola de los países pobres y un poco menos de U$S 1.000 millones diarios en sustentar sus propios sistemas agrícolas. Con una fracción de lo que gastan los países ricos en subsidiar las sobreproducción de cultivos como el arroz y el azúcar, sería posible cubrir las necesidades financieras para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) en áreas como la educación, la salud y el agua. Y si esto fuera poco, los subsidios de los países ricos no solo desvían recursos, sino además potencian la pobreza rural en los países pobres. Los países industriales se encuentran confinados a un sistema que desperdicia el dinero en el ámbito nacional y destruye los medios de vida en otras partes del mundo. Cuando se trata del comercio agrícola mundial, el éxito del mercado no está determinado por la ventaja comparativa, sino por el acceso comparativo a subsidios, área donde los productores de los países pobres no pueden competir.

            Los elevados niveles de apoyo entregados a la agricultura en los países desarrollados se traducen en mayor producción, menos importaciones y más exportaciones de lo que normalmente debería darse y ayudan a explicar porque estos países continúan dominando el comercio agrícola del mundo.

Política para el arroz en Estados Unidos:

            Entre 2002 y 2003, el arroz cultivado en los Estados Unidos al costo de 415 dólares la tonelada se exportó a 264 dólares la tonelada. Los exportadores rivales, tales como Tailandia, Vietnam, Uruguay, etc. tuvieron que ajustarse a esta competencia desleal. En los países más pobres como Ghana y Haití, las exportaciones desde Estados Unidos desplazaron a esos campesinos de los mercados nacionales y socavaron las posibilidades de establecer una economía rural dinámica. El Fondo Monetario Internacional se ha opuesto a que los países subdesarrollados utilicen los aranceles para restringir estas importaciones de Estados Unidos, aduciendo que no existen pruebas de competencia desleal. Es una decisión que no cuadra con los pagos presupuestarios de 1.300 millones de dólares realizados en el 2003 por Estados Unidos por concepto de arroz, monto que representan casi tres cuartas partes del valor de producción.

 

Sobre el desarrollo:

            Las políticas comerciales representan una de las últimas fronteras del antiguo modo de pensar acerca del desarrollo. En otras áreas, la mayoría de los responsables de formular políticas, en principio, aceptan que el crecimiento económico y el consumo no son fines en sí mismos, sino un medio para avanzar en el desarrollo humano. En el comercio se invierte la lógica del desarrollo y el éxito se suele medir en términos del crecimiento de las exportaciones, los cambios en las relaciones comercio/PIB y la velocidad en que caen los obstáculos que limitan las importaciones. Según lo formulara Dani Rodrik “El comercio se ha transformado en el lente a través del cual se percibe el desarrollo, y no al revés”

 

A la espera del resultado de Doha:

            La información disponible no permite albergar muchas esperanzas en obtener un avance importante en los objetivos fijados para la ronda de Doha. Cuando esta revista esté imprimiéndose, se estará deliberando en Hong Kong y el lector tendrá por otras vías noticias frescas del resultado de la misma. La economía uruguaya depende básicamente de la exportación de productos agropecuarios, por lo que el resultado que se alcance en los tres ejes de la discusión que allí se estará dando: acceso a mercados, apoyo doméstico y subsidio a las exportaciones, serán vitales para el futuro de nuestra sociedad.

            Es imprescindible y urgente cambiar las bases donde se asienta la actual globalización.

 

  

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