El cultivo de arroz en Uruguay se basa en un sistema de producción de baja intensidad, en rotaciones con pasturas e integrado con la producción ganadera. Estas características le confieren al sector arrocero la posibilidad de aprovechar estas ventajas comparativas y diferenciarse dentro de la región. En Uruguay, el 60% del cultivo se realiza sobre campo natural o diversos tipos de retorno y sólo el 40% se siembra sobre rastrojos de arroz del año anterior. Los retornos mencionados se efectúan sobre campos con varios años de descanso sin arroz o sobre praderas, rotando en un sistema de producción donde, en la mayoría de los casos, los campos pasan por lo menos cuatro a seis años sin ser cultivados y, en algunas circunstancias, más tiempo aún.
Este sistema de producción, sumado a una alta calidad de semilla utilizada por los productores, le otorga al cultivo de arroz una alta sustentabilidad, con un bajo uso de herbicidas y fertilizantes. Asimismo, posibilita una escasa utilización de insecticidas.
Esta realidad productiva, prácticamente única en el mundo, es quizá una de las mayores fortalezas del sistema de producción uruguayo, frente a un escenario mundial que asigna creciente importancia a la conservación del ambiente y a la seguridad alimentaria. Es conveniente, entonces, comenzar a plantearse cómo explotar estas posibilidades potenciales de diferenciación que tiene nuestro sistema de producción.
Existen particularidades importantes referidas al arroz que lo hacen diferente a otros. Dado que el mismo se realiza con riego por inundación bajo una lámina de agua controlada, la viabilidad técnica económica del cultivo implica disponer de superficies con una topografía lo más plana posible y suelos que presenten un mínimo de pérdidas por percolación. Se realiza principalmente en terrenos de escasa pendiente, en general de 0.5 – 1.5%, con débil escurrimiento superficial y suelos con drenaje interno muy lento. El país cuenta con una red hidrográfica muy densa, pero los caudales necesarios para el riego del cultivo sólo se encuentran en la Laguna Merín y en cursos de agua importantes.
Estas características, asociadas al hecho de que la siembra debe realizarse en primavera, ocasiona en las tareas de preparación de suelos y siembra dificultades adicionales. Comúnmente se realizan las labores de aradas y rastreadas subsiguientes, desde mediados de otoño en adelante, sumándole a las dificultades de los suelos y topografía, las condiciones del clima. Era común años atrás, la utilización para estas tareas de tractores con ruedas de hierro (puntones), pero más recientemente se han desarrollado técnicas como los laboreos de verano que tienden, entre otras cosas, a superar estas dificultades y que implican un manejo del suelo que generalmente comienza durante el verano u otoño anterior al cultivo, empleando tractores de alta potencia y rastras excéntricas pesadas. Estas labores tienen como objetivo que los equipos trabajen en las mejores condiciones del terreno (enero-febrero), para comenzar la siembra en fecha (octubre y noviembre) y lograr un riego y control de malezas más eficiente. Durante esta etapa de preparación de suelos se requieren implementos especiales como hojas niveladoras (Land Plane) para la eliminación del microrelieve del suelo y zanjadoras rotativas para abrir drenajes internos en las chacras. En esta etapa se realizan, además, las tareas de limpieza o construcción de los desagües principales del predio, así como el mantenimiento o construcción de los canales de riego principales: caminos, puentes utilizando excavadoras, retroexcavadoras y motoniveladoras. Finalizados estos trabajos en el otoño, las labores secundarias de preparación del suelo se realizan en setiembre-octubre, comenzándose de inmediato la siembra. Sobre una superficie nacional potencialmente cultivable con arroz de más de un millón de hectáreas, Uruguay ha sembrado a lo máximo cerca de 210.000 hectáreas (zafra 1998/99), alcanzando en la actualidad aproximadamente a 190.000 hectáreas. Frente a esta situación, algún observador desprevenido podría pensar que ello es producto de una baja eficiencia de los arroceros uruguayos, de un mal aprovechamiento de los recursos productivos o de otros problemas que no está a su alcance resolver. Lo cierto es que esta realidad es practicamente única ya que en el mundo las áreas arrozables se cultivan todos los años y en algunos países tropicales hasta dos o tres veces al año (como Colombia, Tailandia, Vietnam, etc.). Esta es una de las mayores fortalezas del sistema de producción uruguayo, que exporta más del 90% de lo que produce. Y más aún pensando en el futuro, donde la calidad ambiental de la producción y la obtención de un producto sin contaminación van a ir adquiriendo un valor cada vez más importante a la hora de efectuar las transacciones comerciales. El arroz en Uruguay se siembra en suelo seco, en lineas o al voleo como cualquier otro cultivo cerealero. En otras regiones del mundo comunmente se siembra arroz pre-germinado en el agua o incluso se transplantan plantines de arroz.
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