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Uruguay tiene un clima templado subtropical húmedo con precipitaciones distribuidas a lo largo de todo el año, un tapiz vegetal casi continuo de fértiles pasturas naturales, la existencia de numerosos cursos de agua distribuidos en todo el territorio, así como innumerables embalses que recogen los excedentes provenientes de las copiosas lluvias, todo lo cual hace posible la producción de arroz. La producción, muy homogénea, es realizada por grandes, medianas y pequeñas empresas agropecuarias. Su industrialización y comercialización se concentra en general en molinos de gran tamaño, aunque se debe destacar la existencia de pequeñas y medianas empresas molineras. Dentro de los cultivos extensivos, es el que invierte más capital por hectárea, no sólo en el costo operativo del cultivo (semilla, fertilizantes, herbicidas, combustibles, mano de obra, repuestos, etcétera), sino también el que requiere altas inversiones en: maquinaria y equipos, instalación de estaciones de bombeo, canales, drenajes, caminos, puentes, construcción de represas para riego, etcétera. En la actualidad, un productor con 150 hectáreas de arroz tiene una inversión en activo fijo cercana a U$ 200.000. A su vez, todo esto obliga a realizar inversiones en las etapas de postcosecha e industrialización, tales como galpones, silos, secadores y molinos. Como consecuencia, aumenta el empleo de mano de obra generando un importante impacto social y económico y permitiendo el desarrollo de pequeñas industrias y servicios colaterales que dinamizan los centros poblados de las zonas de producción. Esto adquiere una mayor relevancia si se considera que el cultivo se ha desarrollado en departamentos donde predomina la ganadería extensiva, sin tradición agrícola.
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