| Claves para entender qué implica que Uruguay tenga grado inversor |
| Escrito por El País Digital | |||
| Domingo, 08 de Abril de 2012 00:00 | |||
Dato. Las cuestionadas calificadoras aún son referentes para el mercado
El bolsillo del Estado está más tranquilo. Si bien ya tenía cubiertas sus necesidades de los próximos años, la mejora reputacional que le da el "grado inversor" recuperado el martes le será útil en caso que el contexto global se torne más adverso. Todo aquel que alguna vez pidió un crédito conoce la lógica tácita: si el solicitante tiene la casa en orden se le abren puertas, porque más instituciones estarán dispuestas a prestarle dinero, incluso cobrándole un precio (interés) menor. Y una cosa es pedir dinero cuando los bancos están ávidos de dar créditos y otra cuando son más selectivos. Tomar un préstamo es lo mismo que hace el Estado al emitir deuda pública (bonos por ejemplo). La mejora en la situación financiera y fiscal del país desde 2002 reflejó una mejora en su capacidad de repago ("honrar sus deudas") y tuvo un progresivo reflejo en la nota de riesgo que se le adjudica a nivel internacional. El proceso fue lento, pero llegó a su momento más álgido el martes, cuando la calificadora Standard & Poor`s (S&P) elevó la nota de Uruguay de BB+ a BBB-. Esa es la primera de 10 notas que se consideran "grado inversor". Esto puso a Uruguay en el mapa, ya que más inversores conocerán que prestarle dinero dejó de ser "especulativo" o "riesgoso". No obstante, aún queda camino por recorrer, ya que Uruguay recién da sus primeros pasos en esa categoría de élite, tras salir de ella en 2002 (ver aparte). Aquí siguen algunas de las claves para entender qué significado tiene. 1. Antecedentes de las calificadoras Muchos de quienes siguen las noticias económicas globales se preguntaron el martes: ¿no fue Standard & Poor`s la misma calificadora que le otorgaba la máxima nota posible (AAA sin perspectiva negativa) al banco de inversión estadounidense Lehman Brothers en septiembre de 2008, justo el mes en que quebró? La realidad es que, aún con esos antecedentes, los inversores globales siguen tomando como referencia las notas que asignan las calificadoras de riesgo (sobre todo S&P, Fitch Ratings, DBRS y Moody`s). De hecho, sus notas incluso rigen las pautas de inversión de algunas instituciones como los fondos de pensión estadounidenses y europeos (el equivalente a las AFAP en Uruguay), que solo pueden comprar títulos de países con grado inversor. 2. Cómo se mide el riesgo de la deuda Las calificadoras expresan con sus notas su opinión sobre la capacidad y voluntad de un emisor (empresa, Estado o gobierno municipal) para cumplir en tiempo y forma con sus obligaciones financieras. Cuando evalúan al Estado, esas agencias (cada cual con metodología propia) analizan su solidez financiera y fiscal y su calidad institucional. Algunos indicadores son la proporción que el endeudamiento público tiene sobre el Producto Interno Bruto (PIB), a qué plazo promedio vencen esas obligaciones y en qué moneda están nominadas (ya que a mayor grado de dolarización hay mayor riesgo de no pago ante una disparada del tipo de cambio). También se analiza el crecimiento económico, cuál es el grado de dolarización de la economía en general (por ejemplo, de los depósitos a nivel bancario), cuál es el resultado de las cuentas públicas (superávit o déficit), si el nivel de precios está bajo control (inflación) y cuán diversificadas están las exportaciones. 3. Qué implica tener grado inversor Además de constituir un vehículo para dar a conocer al país, el grado inversor permite endeudarse a un interés más bajo (ya que el riesgo que asume el prestamista es menor). Este no fue el efecto inmediato para Uruguay, dado que el mercado internacional ya le pagaba tasas de interés en sintonía con esta calificación. A su vez, al país no le urge tomar dinero prestado para pagar vencimientos de su deuda, ya que su duración promedio supera los 12 años y las últimas operaciones de canje y recompra permitieron cubrir las amortizaciones e intereses de los próximos tres años (si se considera además el superávit fiscal primario). Pero la gestión de deuda pública siempre mira el largo plazo y, dada la incertidumbre y volatilidad de una crisis financiera como la actual, tener el grado inversor es una garantía de que el país accederá al crédito aún cuando los mercados estén menos ávidos a proporcionar financiamiento. 4. la posición que ocupa Uruguay Las notas que otorgan las calificadoras ubican a cada país en uno de dos grupos: "grado especulativo" (que comprende 12 notas organizadas en cuatro franjas diferentes) o "grado inversor" (que cuenta con 10 notas también organizadas en cuatro franjas). Suelen ser D la mínima y AAA la máxima. Al mejorar su nota de BB+ a BBB- en el ranking de S&P, Uruguay pasó de integrar el mayor escalón del grado especulativo ("pago probable pero incierto") al primero del inversor ("capacidad de pago adecuada"). Pasó así de compartir escalón con Costa Rica, Rumania y Portugal a codearse con Colombia, Panamá, India e Irlanda. También tienen "capacidad de pago adecuada" México, Brasil, Perú, Rusia, Italia, Sudáfrica e Irlanda, pero con mayor nota (BBB los cuatro primeros y BBB+ los otros tres). De la región, Chile es el más holgadamente posicionado en el grado inversor, con nota A+ (que denota "fuerte capacidad de pago"). 5. qué debe seguir mejorando el país A criterio del ministro de Economía, Fernando Lorenzo, los indicadores de Uruguay deberían permitirle estar cómodamente en el grado inversor. Pero para recorrer los siguientes escalones del ranking ("fuerte capacidad de pago", "alta calidad" y "máxima calidad"), S&P entiende que Uruguay tiene trabajo por hacer. Sus técnicos señalaron el martes en un comunicado que pese a los recientes avances, la flexibilidad de la política económica en Uruguay "seguirá restringida por la dolarización" (los depósitos en dólares todavía representan el 72% del total) y la "limitada flexibilidad fiscal". A esto le suman que "la inflación ha tendido a estar por encima de los niveles de los socios comerciales, con el 7,2% proyectado". Pero previo a seguir escalando, falta la ratificación de las demás calificadoras, ya que tres de las más relevantes (Fitch, DBRS y Moody`s) aún le asignan grado "especulativo" a la deuda pública uruguaya. La "injusticia" y el "mal trato" "Calificado con injusticia", "injustificadamente mal valorados, mal evaluados", "mal tratado", "subestiman las mejoras" y "los mercados no siempre tienen la razón pero las calificadoras de crédito tampoco" son algunos de los críticos conceptos que el vicepresidente de la República, Danilo Astori y el ministro de Economía, Fernando Lorenzo han deslizado en los últimos años sobre las agencias crediticias que le ponen nota a la deuda uruguaya. Es que a juicio del gobierno, la recuperación del grado inversor por parte de Uruguay se demoró más de la cuenta. ¿Cómo toman las calificadoras de riesgo estos cuestionamientos a la hora de evaluar un país? Sebastián Briozzo, analista para Uruguay de Standard & Poor`s (la calificadora que devolvió el grado inversor a Uruguay) dijo a El País que "estos cuestionamientos son parte de las reglas de juego" y así "trabajamos con casi 130 gobiernos del mundo". DÍA CRÍTICO El 14 de febrero de 2002, "en la oficina en Washington del embajador en Estados Unidos, Hugo Fernández Faingold, al final de la tarde, nos reunimos el presidente Jorge Batlle, el director de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto, Ariel Davrieux y yo, quienes por distintos motivos estábamos en la capital de Estados Unidos. Dos acontecimientos habían precedido a esa reunión, marcando el que seguramente fue el día más difícil de toda mi vida. A primera hora de esa misma tarde, los jerarcas de Standard & Poor`s nos habían informado de su decisión de rebajarnos nuestro grado de inversión. Al mismo tiempo, desde Montevideo el vicepresidente Luis Hierro nos informó que la corrida de depósitos en el Banco Comercial se había intensificado ante la incertidumbre sobre la posición de los bancos internacionales accionistas del Comercial. Eran, pues, momentos decisivos y de hondo dramatismo. En consecuencia, en esa reunión del 14 de febrero, el presidente Batlle resolvió, con nuestro asesoramiento favorable, la firma del preacuerdo alcanzado con los bancos internacionales". (Fragmento de "La crisis de 2002", libro del ministro de Economía de la época Alberto Bensión).
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